Praga Varsovia Alzate

Nuestro viaje comenzó en el Aeropuerto de Varsovia, donde cogíamos un vuelo sobre las 2 y cuarto del mediodía con destino Praga. Volábamos con la compañía Czech Airlines, en un vuelo no demasiado barato; y cuando nos montamos en el autobús que te lleva hasta el avión, no podíamos creerlo: viajábamos en un avión de tamaño muy reducido (no creo que hubiera más de 30 personas a bordo), con hélices y prácticamente sin compartimentos para guardar nuestras maletas de mano, las cuales la tripulación se encargó de depositar en la mini bodega del avión (sin coste adicional, claro).

Llegamos a Praga a eso de las 4 y nos dispusimos a comprar un billete de transporte público (válido para autobús, tranvía, metro y funicular).El billete sencillo cuesta unas 32 coronas checas (aproximadamente 1,25 euros) y tiene una duración de 90 minutos desde que se valida.  También existe un abono diario por 110 coronas, otro de 72 horas por 330 coronas y de 5 días por 500 coronas. Personalmente, si vuestro alojamiento está cerca del centro urbano y hacéis una visita de pocos días, yo optaría por ir comprando billetes sencillos según hicieran falta, ya que Praga se recorre y se disfruta mayormente andando y paseando sus calles.
Para llegar del aeropuerto al centro de la ciudad hay varias formas. Nosotros cogimos el autobús nº 119 (también sirve el nº254) hasta la última parada: Dejvicka. Una vez allí, accedemos al metro, donde tuvimos que tomar la línea A. Ésta nos lleva en pocas paradas al centro (estación Mustek).
Llegamos al hotel, bastante céntrico, moderno y confortable: Dahlia Inn.  Los precios son bastante razonables y el personal es muy agradable.
Esa noche estábamos dispuestos a ver Teatro Negro, pues es típico de la capital checa. Antes de realizar el viaje habíamos pensado comprar la entrada para algún espectáculo por Internet, pero realmente, esto no lo recomendamos. Los precios suelen ser más caros que si compras la entrada en taquilla y además, una vez en la ciudad, vemos que hay mucha más oferta. Por nuestra parte no hubo problema en adquirir la entrada unas horas antes al espectáculo, pero supongo que eso es más cuestión de suerte. Disfrutamos del espectáculo Afrikania, en el Teatro Image y fue realmente espectacular. No podéis iros de Praga sin ver algún espectáculo de este tipo.

Al día siguiente nos dispusimos a hacer un Tour por la ciudad. Elegimos uno de 6 horas, con paseo en barco con refresco y almuerzo (plato principal, bebida, café y postre). Su precio es de 1200 coronas (unos 48 euros) pero merece la pena sin lugar a dudas.
Este tour comienza frente a la Torre de la Pólvora (Prasná Brána), donde nuestro fantástico guía David nos hizo un breve de resumen de la historia de la ciudad, que poco a poco, iría recordando a lo largo del recorrido.

Desde este punto, caminamos a través de la Ciudad Vieja hasta llegar a la Plaza Mayor, donde nos topamos con el famoso reloj astronómico de Praga. Este reloj fue instalado en la torre del Ayuntamiento en el siglo XV y el relojero creador fue Mikuláš de Kadaň. Señala tanto la hora y la fecha , como la salida y puesta del sol y la luna, así como los signos del zodiaco. Hay un angel colocado encima de la esfera, entre dos ventanillas que se abren cada hora para que los doce apóstoles puedan hacer reverencia a la Plaza de la Ciudad Vieja. Al final de la procesión aparece el Cristo dando la bendición con la mano derecha y luego las ventanillas se cierran y el reloj da la hora. Presenciamos todo esto junto con la gran multitud de turistas que se congregan bajo el reloj cada hora.

También en la Plaza Vieja podéis encontrar la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, con una larga y rica historia y de la cual desde la plaza sólo se aprecian las dos altas torres góticas, pues delante se su fachada hay construidas altas casas. También destaca la gran Iglesia de San Nicolás, de estilo barroco.
Seguimos nuestra ruta hacia el ghetto judío, donde nació el escritor Franz Kafka. Recorremos sus calles visitando:
-Sinagogas, de las cuales la más destacada es la sinagoga española, que coge este nombre debido a su decoración morisca;
-El viejo cementerio judío, creado en 1439 y el cual durante más de 300 años fue el único lugar donde  estaba permitido enterrar a los judíos en Praga. Por esta razón, debido a la falta de espacio, los cuerpos se enterraban unos encima de otros (llegando a más de 10 apilados). A día de hoy se pueden ver más de 12.000 lápidas y se estima que puede haber enterradas unas 100.000 personas.
Nosotros vimos todo desde fuera, pero si queréis visitar las sinagogas y el cementerio existe una entrada combinada que cuesta 300 coronas (200 para estudiantes) con la que podéis visitar las sinagogas, el cementerio y también el Museo Judío. Esta entrada puede adquirirse en el propio cementerio o en cualquiera de las sinagogas.

Tras recorrer esta parte de la ciudad, nos dispusimos a recorrer el río Moldava, que atraviesa la ciudad, en un barco cubierto donde tomamos un vino caliente de esos que tanto nos gustan (me pregunto cómo no ha podido llegar eso a España). Es paseo tranquilo donde nuestro guía sigue contando historia de la ciudad, leyendas y anécdotas; lo pasamos realmente bien y además resguardados de este frío de enero.

Almorzamos luego en un restaurante típico de Praga, donde disfrutamos de especialidades checas como el goulash o la milanesa (para que nos entendamos: un filete empanado, por cierto, riquísimo).
Paseamos entonces por el famoso Puente de Carlos, escuchando sus misteriosas leyendas. A lo largo del puente hay unas 30 estatuas que actualmente son copias de las originales (éstas están en el Museo Nacional de Praga y en Vyšehrad). Además encontramos numerosos puestos de artistas, con unos retratos y paisajes impresionantes.

Al cruzar el Puente de Carlos pasamos de la Ciudad Vieja que hemos recorrido a Malá Strana, que significa “Ciudad Pequeña” y que, fundada en 1257, es uno de los distritos más antiguos e históricos de Praga.
Desde aquí subimos en tranvía hasta el Castillo de Praga. Construido en el siglo IX, constituyó las bases para la creación del resto de la ciudad. En su interior alberga: la Catedral de San Vito, de estilo gótico y de la cual visitamos la primera parte que es gratuíta; el antiguo Palacio Real; la Basílica de San Jorge; la Torre de la Pólvora, (que es otra diferente a desde la que empezamos el recorrido)  la cual acabó siendo un laboratorio de alquimistas; y el Callejón del Oro, una calle corta, estrecha y preciosa que debe su nombre a los orfebres que la habitaron en el siglo XVII.

Desde aquí, cogimos otra vez el tranvía para llegar a la Plaza de Wenceslao, cerca de nuestro hotel. Antiguamente se ubicaba aquí el mercado de caballos fundado en 1348; la plaza ha sido testigo de los más importantes acontecimientos de la historia reciente de Praga, como la manifestación de noviembre de 1989 que inició la Revolución del Terciopelo y la caída del comunismo. Es una plaza alargada y enorme llena de tiendas, hoteles, restaurantes y puestos de comida rápida. El edificio más famoso de la plaza es el Museo Nacional de Praga. También hay numerosas galerías, siendo la más famosa el “Pasaje de Lucerna”, donde cuelga del techo una estatua de San Wenceslao sobre un caballo boca-abajo que llama bastante la atención.

Y tras visitar una de las enormes librerías de esta plaza y comprarnos varios libros sobre las fascinantes leyendas e historia de la ciudad (hay bastantes libros en diferentes idiomas), acabamos el día cenando en un restaurante donde fabricaban su propia cerveza artesanalmente y con distintos sabores: Pivovarsky Dum, situado en la calle Lípová Dum.
Al día siguiente visitamos la Iglesia de los Santos Cirilio y Metodio que alberga una especie de cripta subterránea con unas catacumbas. Ésta es famosa porque durante la Segunda Guerra Mundial se refugiaron en ella 7 paracaidistas acusados del atentado que acabó con la vida de Heydrich, mano derecha de Hitler. La cripta fue rodeada y asediada por 800 soldados y, tras siete horas de lucha, seis de los paracaidistas se suicidaron para no caer en manos alemanas y el séptimo, que había sido gravemente herido por la metralla de una granada, murió desangrado.

La siguiente parada fue en Vyšehrad (también llamado Castillo Alto), una de las ciudades originarias de Praga.  La fortificación fue construida en el siglo X (después que el Castillo de Praga). Los puntos de más importantes son: la fortaleza, con una muralla desde la que se disfrutan vistas impresionantes de toda la ciudad; la Iglesia de San Pedro y San Pablo, que debido a un incendio fue reconstruida a finales del siglo XIX en estilo neogótico; el parque Vyšehrad; y el cementerio. Si tenéis muy poco tiempo, considero que no es algo imprescindible, pero es gratificante pasear por esos alrededores.

El Monte Petřín alcanza los 138 metros sobre el nivel del río y hasta él se puede subir paseando por los jardines o en un funicular que sale cada 15 minutos. Una vez allí, podemos ver la Torre de Petřín, de forma similar a la Torre Eiffel pero con tan sólo 60 metros de altura; aun así, por su ubicación, es el mirador más elevado de Praga. El parecido de la Torre de Petřín con el más importante monumento parisino no es casual. La Torre de Petřín se construyó dos años después de la Torre Eiffel, en 1891, con objeto de la Exposición Nacional de Praga. También entramos aquí el Laberinto de los Espejos, otro resquicio de la Exposición citada anteriormente. Tanto para subir a la torre como para entrar en el laberinto hay que pagar una entrada de 70 coronas respectivamente.

Finalmente, acabamos nuestro viaje recorriendo las numerosas tiendas típicas de souvenirs, cristal de bohemia y marionetas, y disfrutando de un concierto en el Club de Jazz Ungelt. Está situado cerca de la Plaza Vieja, detrás de la Iglesia de Nuestra Señora de Týn, en un subterráneo abovedado con una acústica impresionante, donde también se puede disfrutar de una buena cena. Eso sí, los precios son un poco altos, o por lo menos a nosotros nos lo parecieron… Pero hay que apostar por la cultura.

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